Desde la antigüedad, la energía del viento ha servido al hombre para empujar los barcos de vela o accionar las aspas de los molinos que el Quijote confundió con gigantes. Nunca ha dejado de usarse, pues, la energía cinética provocada por las corrientes de aire, aunque sí que han observado un auge, en los últimos tiempos, los usos de la energía eólica y la instalación de parques eólicos para transformar el viento en energía aprovechable para la actividad humana. Esto se debe a que es un tipo de energía verde o renovable que responde a las demandas de sustitución de los combustibles fósiles para aliviar al planeta de emisiones de gases de efecto invernadero producidos por las centrales termoeléctricas.
El proceso de obtención y transformación
La energía del viento proviene del tránsito de las masas de aire de alta presión hacia zonas donde la presión es inferior debido a que el calor suministrado por el sol a la atmósfera terrestre no es uniforme, creando así las corrientes de aire que se podrán transformar en energía útil para el uso humano. No obstante, es necesario tener en cuenta varios factores para que el aprovechamiento de ésta sea rentable y eficaz. Por ejemplo, es preciso saber los cambios que sufren los vientos con respecto al día, la noche y las estaciones, conocer las velocidades mínimas y máximas del viento en el territorio donde se pretenda sacarle partido y recopilar valores históricos durante al menos 20 años. Una vez explorado el terreno, se instalan las máquinas eólicas (o aeromotores) que convertirán la energía del viento en energía mecánica bien para activar otras máquinas directamente o bien para originar energía eléctrica mediante generadores eléctricos, también conocidos como aerogeneradores, agrupados, para que sean productivos en mayor medida, en parques eólicos.
Ventajas e inconvenientes de la energía eólica
Como ya se ha dicho, los beneficios medioambientales de utilizar la energía del viento como alternativa verde son su máximo caballo de batalla frente a otras fuentes de energía más habituales por su carácter renovable y limpio, ya que no emite gases a la atmósfera ni produce residuos. Además, no precisa de la combustión para funcionar, se puede alojar en lugares poco idóneos para otros usos, como zonas áridas o con demasiada pendiente para la explotación agrícola, o, por otro lado, el suelo que utiliza puede ser compartido con fines ganaderos o cultivos bajos. La instalación de la maquinaria no lleva demasiado tiempo y se puede combinar, ahorrando así combustible, con centrales térmicas o hidroeléctricas a gran escala o con energía solar a nivel doméstico abasteciendo las viviendas conocidas como autónomas. Sin embargo, el mayor inconveniente que este tipo de energía puede encontrar es la intermitencia o falta de constancia del viento. De este problema derivan factores que juegan en su contra como la necesidad de apoyo de centrales térmicas que no funcionan a su máximo rendimiento y que, por tanto, acaban consumiendo más combustible que la energía que proveen.
Foto: Andreas Keudel © ISO K° – photography
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